Ya no están para experimentos. El mensaje quedó claro. El receptor: Javier Milei. Los emisarios: los gobernadores. En un hecho inédito, la jura de Diego Santilli como nuevo jefe de Gabinete tuvo como protagonistas a 13 gobernadores, entre radicales, peronistas blue y ex macristas. Se invitaron solos. El ascenso del funcionario fue celebrado por toda la plana mayor del PRO y reordenó a Patricia Bullrich, principal foco de rebeldía entre los libertarios. Milei escenificó su propia casta. Ya nadie tiene miedo. Con el fin de Manuel Adorni, también llegó el fin del Presidente antisistema. Ahora gobierna la política.
En una semana, la Casa Rosada logró ordenarse con la salida de Adorni de manera sorprendente. Reactivó la gestión administrativa, apuró sus influencias en la Justicia para limpiar la causa $Libra, reinstaló la reelección presidencial y puso en marcha al Congreso para aprobar la reforma electoral pensada para impedir que la oposición se ordene. Todo lo hizo bajo el código de corporaciones.
Los gobernadores pretenden encontrar en Santilli un resorte claro para apuntalar la gestión, un único interlocutor para terminar de cerrar el acuerdo que más les interesa: evitar que los liberarios promuevan candidatos propios en las elecciones provinciales que pongan en riesgo sus propias reelecciones. A cambio, el Gobierno les pide votos en el Congreso. Es un pacto lento y trabajoso, un cheque que se firma en blanco, con promesas que recién se harán efectivas el año que viene, cuando cierren las listas, pero que necesita los votos ahora. El empoderamiento de Santilli, con códigos de la política, es clave para la confianza que necesitan los jefes territoriales. La lectura que hicieron, y que le hacen llegar a Milei, es que llegó el tiempo de una única lapicera y una única decisión.

En ese punto entra en juego Karina Milei, golpeada hacia afuera pero forzada a mostrarse fortalecida hacia adentro. Siempre tendrá la última palabra. Ya se anticipa la tensión. En el juego de la silla en el que gira el círculo presidencial, la Secretaria General retuvo la Jefatura de Gabinete con un Santilli que le reporta, pero que aspira a manejarse con algo de autonomía. De alguna manera, la conducción política de Karina es adueñarse de los funcionarios que no llegaron con ella, sino por ella. Ese es el caso de Santilli. A esta altura, el funcionario, todavía afiliado al PRO, sabe bien cómo ser equilibrista en un gobierno cruzado por la interna. Eligió un bando y no se equivocó. Pueden dar cuenta de eso Cristian Ritondo o Guillermo Montenegro, que vivieron el frío helado del destrato de la hermana presidencial.
